No importa cómo haya sido el día.
Si vengo cargado, si traigo alegría,
o si simplemente paso sin ganas de hablar.
Ahí está él.
Con alas pequeñas, cuerpo ligero,
y una emoción que no cabe en su jaula.
Vuelo sobre su eje. Pico entreabierto. Patita levantada.

Y yo, que tantas veces me contengo para no encariñarme…
Me quedo quieto. Viéndolo.
Y repitiéndome en silencio:
“Es hermoso cuando algo, un animal, está ahí,
cada tarde, emocionado notando mi presencia.”
— Miguel Rodríguez
miguelrdz.mx